Isquitipi

Zona Central- Aníbal Montes

Imagen: Toponimia autóctona. Anibal Montes.

Rescatar la memoria de quienes habitaron este suelo por primera vez significa una reivindicación no sólo a ellos sino también a nosotros mismos ya que la historia no puede ser parcial, lo que hace a esta ciudad hoy, no puede ser construido desde un momento elegido arbitrariamente y que contemple ciertas características que nos parecen deseables para este momento de la historia.

La construcción de la historia de Río Ceballos debe ser completa, es necesario contarla desde el principio porque nuestros pueblos originarios constituyen parte de nuestra identidad y no es posible la construcción de ésta y de nuestro futuro sin memoria.

Isquitipi, Ministalaló, Estancia San Isidro, Río Ceballos, son nombres que se encuentran en reseñas sobre los primeros años luego de la llegada de los españoles y que, por ser muy resumidos, no dan cuenta de los cambios que resultaron muy significativos en el paisaje pero, sobre todo, en la población. El pueblo Comechingón fue hecho esclavo, reducido, exiliado y gran parte de ellos, exterminados en nombre de un progreso que venía en barco del otro lado del mundo. Junto con ellos se perdió también el lenguaje, es así que Isquitipi o Ministalaló, entre otras, son de las pocas palabras que llegaron hasta hoy.
El pueblo Comechingón que habitaba la zona llamó Isquitipi a la cañada donde habitaba, por la que pasaba el arroyo Saldán. Se conoce la forma de vida de este pueblo por medio de la exploración previa a la fundación de la Ciudad de Córdoba que mandó a hacer Jerónimo Luis de Cabrera, esta exploración comprendía el empadronamiento de sus habitantes. Esto sirvió para encontrar el mejor lugar para fundar la ciudad, pero también se comenzaban a delimitar las mercedes de tierras que serían entregadas a los españoles que acompañaron a Cabrera.

Estos pueblos eran numerosos y cada uno respondía a un cacique pero estaban comunicados entre sí.  Lamentablemente no llegó hasta nosotros el nombre del cacique de este lugar, o si se trató de más de uno. Estos pueblos eran pequeños y estaban cercados por plantas espinosas y cardos a modo de protección contra ataques de otros grupos. Vivían en casas semienterradas por la misma razón antes mencionada, pero también para protegerse de las inclemencias del tiempo y en cada una vivían varias familias que estaban emparentadas entre sí. Vivían cerca del río y tenían sistemas de riego ya que eran labradores y criaban ganado de donde obtenían alimento y ropa. Es difícil saber cómo estaba diseminada la población en este lugar, pero habiendo vestigios de su cultura en todas partes no es tan difícil imaginarlo. Sobre las partes más planas del terreno, como lo que hoy ocupa El Campo de Deportes o en la terminal, se han encontrado artefactos prehispánicos, así como también a todo lo largo del río o en Las Pisaditas. Parece claro que estaban organizados, vivían en sociedad y sabían proveerse de todo lo necesario para vivir en un entorno natural. En nombre de qué progreso los españoles se creyeron con derecho a ser dueños de estas tierras y de quienes las habitaban?  Evangelización y esclavitud son dos caras de una misma moneda que sólo tenía un fin: la ocupación total de este nuevo lugar del cual obtenían beneficios mediante la explotación de los lugareños que ya no trabajaban para ellos mismos. Así se conformaron las nuevas familias más pudientes en el nuevo continente que se adjudicaban, compraban y vendían tierras con mano de obra incluida. Es muy relevante el hecho de que durante casi 100 años este lugar seguía llamándose Isquitipi y no por respeto de la lengua originaria, ya casi al final eran muy pocos los aborígenes que habitaban esta zona. El español no tenía un sentido de pertenencia subjetivo sobre las nuevas tierras adquiridas, ni siquiera las habitaba; desde la ciudad, donde también tenían terrenos, las administraban para obtener los mayores beneficios.

Las palabras Isquitipi y Ministalaló aparecen por primera vez en 1583 en la merced de tierras que se le da a Juan de Soria, primer español dueño de estas tierras y que llegó con Jerónimo Luis de Cabrera, esto significaba ser “hidalgo”, de la clase alta y noble de esa sociedad. Es bueno aclarar que Ministalaló es la zona de Salsipuedes y aparece en este documento como una referencia ya que no formaba parte de Isquitipi. A partir de ese momento cambia la forma de vida de los pueblos antiguos y también el paisaje y los límites que hasta ese momento existían.  Cuando 10 años después fallece Juan de Soria las tierras son heredadas por sus cuatro hijos. En 1604 Felipe de Soria vende a Diego de las Casas su parte, así como también un solar en la ciudad de Córdoba. Esta primera división de tierras es subsanada luego, ya que éste se casa con Bernabela de Soria y por compra y herencia se hace dueño de todo el lugar. Un dato curioso es que investigando sobre el tema hemos encontrado un árbol genealógico en el cual al momento del casamiento aparece como lugar Iscuitipi, única referencia de un sentido de propiedad, aunque aún no podemos comprobar que hayan habitado este lugar. En 1615 un tercio de esta merced es vendido a Agustín Ruiz de Castilblanco y al momento de su muerte se dividen nuevamente las tierras entre sus tres herederos, dos de los cuales venden a Francisco de Losa Bravo las tierras que les correspondían. Es claro que para este momento Isquitipi ya no era igual, nuevos límites habían achicado las tierras que venimos mencionando. Recién en 1643 se renombra el lugar, anexando una porción de tierras de la vecina Ministalaló que compró Francisco de Losa Bravo y así se forma la Estancia San Isidro. Es importante este punto ya que es fácil de inferir que en estas divisiones que hacían los españoles también se dividían los pueblos de los habitantes originarios de Isquitipi y se sabe también que muchos fueron llevados a “reducciones”, todo esto en detrimento de su sociedad y su cultura. Tal es así que en 1669 la Estancia tiene como patrimonio, además de las tierras y el ganado, esclavos negros y mulatos, no hay referencia de “indios”. Una nueva división otorga la propiedad donde se asienta hoy nuestra ciudad a José de Losa Bravo, la próxima heredera, su hija Josefa se casa con Miguel de Ceballos y Almonacid quien bautiza estas tierras con un nuevo y definitivo nombre: Río Ceballos. En 1777 comienza a dibujarse el poblado que llegaría a ser ciudad con el último heredero, Manuel de Ceballos. Las tierras donde hoy vivimos son subdivididas entre las familias Losa y Ceballos.

Si bien los españoles se encargaron de hacer desaparecer la lengua y menguar la cantidad de personas que eran los pueblos originarios esto no quiere decir que no hayan sobrevivido aborígenes de los cuales hoy en día hay descendientes por todas partes de Córdoba. Es interesante resaltar cómo se pasó de una tierra extensamente poblada por Comechingones que convivían entre sí en una sociedad organizada, pasando por la época de las mercedes, en que su número fue reducido y las relaciones sociales cambiaron de manera radical, hasta grandes extensiones de tierra pobladas por unos pocos españoles en que la mano de obra pasó de ser indígena a ser de raza negra. Pasarían muchísimos años hasta que Río Ceballos se convirtiera en un caserío para luego ser un pueblo. Pasaron cientos de años para que estuviéramos donde y como estamos ahora, durante muchos de esos años se intentó borrar la cultura de los comechingones en pos de una nueva sociedad “adelantada y culta”. Luego se pensó solamente en la expansión y progreso de las tierras, después vinieron esos “años dorados” que convertirían a Río Ceballos como el lugar por excelencia para el turismo de las sierras de Córdoba, por último, se intentó reconstruir la historia a partir de instancias parciales de la historia, se fue construyendo una identidad basada en un momento de explosión turística en donde la conformación del pueblo se dio a través de propietarios de las tierras que no vivían acá sino que construían sus casas de veraneo a la par de hoteles, pensiones y hosterías para gente de paso, mayoritariamente de otras provincias. Es innegable que en un lugar como Río Ceballos, en donde cada tanto aparecen vestigios de los pueblos originarios que dan testimonio de su paso por estas tierras, nos debemos una revisión de la historia que contemple no sólo los datos más reciente sino también aquellos en que los primeros habitantes desarrollaron su cultura antes de que España invadiera estas tierras arrasando con todo a su paso. Es obligatorio hacer justicia a estos pueblos porque de ellos también descendemos.

Bibliografía consultada: Indígenas y Conquistadores, Anibal Montes. El río de los Ceballos, Carlos Page.

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5 pensamientos sobre “Isquitipi”

  1. Muy interesante la Historia de Río Ceballos. Los Felicito !!!

  2. MUY MUY BUENO!!!! GRACIAS ME PARECIÓ
    SUMAMENTE INTERESANTE.

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